Me gusta “luego” callas porque estás como ausente

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“luego” callas
porque estás como ausente



Las redes sociales son cada vez más importantes en la promoción de libros.

No son la panacea.

Hoy aparece en la prensa una noticia sobre el batacazo de una película que triunfó en twitter antes de su estreno. Originalmente, ‘Sharknado’ se filmó para emitirse en televisión; era complicado que, con su ridícula premisa de un tornado recogiendo tiburones del mar para lanzarlos contra la población, pudiera triunfar en la gran pantalla. Pero como llegó a ser trending topic, con más tweets que ‘Juego de Tronos’ (hasta 5.000 tweets por minuto) sus creadores se hicieron muchas ilusiones.

Con este éxito rotundo nublando su entendimiento, la productora cambió de planes y la lanzó en cine. El público no acudió. No es lo mismo escribir “qué maravilla, me apetece verla” que coger el coche, ir a un cine y pagar una entrada.

De la misma forma, no te fíes cuando en la página de promoción de tu novela veas 200 “me gusta”. No son 200 ventas. La página Facebook de Lamborghini tiene 5.839.206 me gustas, y el año pasado vendieron 2.083 coches.

En otra ocasión hablaremos de estrategias efectivas para lograr buenos resultados en la venta de tu novela.

Con dos jorobas


Con dos jorobas

Un camello macho comienza a echar espuma por la boca. Se mea encima, esparciendo la orina con su cola. Monta un numerito de lo más escatológico, ¿por qué?, pues porque se quiere ligar a una camella. A nosotros nos parece una técnica poco efectiva y bastante asquerosa, nos dan ganas de decirle “chaval, estás loco si crees que se van a enamorar de ti haciendo eso”. Error: cuanto más mea y escupe, más éxito tiene. Si pensamos un poco, tiene sentido. En el desierto el bien más preciado es el agua y con su actitud, nuestro cachondo amigo está diciendo “mírame guapa, soy impresionante, me sobra el agua. Lo tengo todo controlado, conmigo te espera una vidorra”.

Puedes verlo aquí a partir del 1:28



Cuando, en tu novela, decides las acciones de un personaje, no deberías pensar “¿Qué haría yo?” Lo que tú harías no cuenta. Si lo hicieras así, escribirías una escena en la que un camello alquila un coche con chofer para llevar a la hembra a un caro y romántico restaurante.

Piensa como el personaje. Un camello malgasta agua, un gato te trae un ratón muerto, un adolescente pasa ruidosamente con su moto, un millonario te regala joyas y un mendigo te deja compartir su caja de cartón.

Un buen guión


Un buen guión

Los tiempos han cambiado para los escritores. Ya no somos sólo autores, somos publicistas, correctores y diseñadores de portadas. Injusticias de la vida. Es como si los futbolistas tuviesen que hinchar el balón, cuidar el césped, y cortar y coser sus propios pantalones cortos.

Incluimos hoy un truco de HTML para mejorar el formato de tus escritos en pantalla. Si sólo te interesan los consejos sobre la realización de textos literarios porque ya tienes agente y editorial, enhorabuena, deja de leer y nos vemos en el post de mañana.

Si usas una columna estrecha y justificas el texto para que quede alineado a izquierda y derecha puedes provocar que algunas líneas queden muy abiertas, hasta el extremo de tener dos palabras con un espacio enorme en medio. Ocurre cuando una palabra larga no cabe y tiene que pasar al siguiente renglón. No puedes dividir una palabra con un guión, porque ese guión puede quedar bien al final de la línea en tu pantalla, pero si un lector cambia el tamaño de texto, se reubicará y le aparecerá un guión sin sentido en medio de una línea.

Hay una provisión de HTML para añadir un guión fantasma en medio de una palabra. Tienes que ir a editar el HTML y escribir la secuencia ­ entre dos letras justo donde crees que sería apropiado dividir la palabra. Sólo es correcta la división entre sílabas, por ejemplo si la palabra a dividir fuera ENTERO, podrías escribir EN-TERO, ENTE-RO, pero no ENT-ERO. Los buenos editores, además, se fijan en otras aspectos, como por ejemplo, que al separar una palabra, no nos vayan a quedar sueltas unas sílabas que forman otra con sentido propio y poco apropiado; es el caso de VÍN-CULO o DIS-PUTA, que no se separan. Con esta fórmula, el navegador dividirá únicamente en caso necesario añadiendo el guión visto a fin de línea; si no lo es, el guión no será visible para el lector.

Ferruccio y el Ferrari

Ferruccio y el Ferrari

Érase una vez un campesino llamado Ferruccio. Era un hombre muy inteligente y trabajador, tanto, que de la nada, acabó fundado una empresa de fabricación de tractores. Los beneficios llegaron muy rápido; le fue tan bien que se pudo dar el gustazo de adquirir un montón de coches deportivos, su gran pasión: Mercedes, Lancia, Maserati y hasta un Ferrari. Este último, aunque le gustaba, no le parecía que fuera un deportivo de lujo, lo veía más bien como una adaptación urbana de un coche de carreras.

Un día se le estropeó el embrague y descubrió que aunque Ferrari usaba la misma pieza que sus tractores, se la cobraban a precio de oro. Llamó para quejarse y ¿sabes lo que le dijo el Sr. Ferrari a Ferruccio? Le dijo que se callara, que cómo se atrevía un simple fabricante de tractores a discutirle nada, que se dedicara a lo suyo porque no tenía ni idea de coches.

Ese día Ferruccio se enfadó. Se enfadó mucho, y decidió emprender un nuevo proyecto: fabricar sus propios coches de lujo, deportivos más innovadores, más rápidos y de más calidad que los Ferrari.

No te puedo decir si los coches de Ferruccio Lamborghini son los mejores. Nunca los he probado porque el más barato cuesta la friolera de 180.000 euros. Se lo tendrías que preguntar a Elton John, o a Cristiano Ronaldo o al Shah de Iran. Frank Sinatra dijo “Usted conduce un Ferrari cuando quiere ser alguien, pero conduce un Lamborghini cuando ya es alguien.”

Esta historia casi me hace desear que rechacen mi próxima novela; que un agente me diga que no sé escribir; que una editorial opine que no tengo el nivel de sus autores. Porque no me va a gustar. Porque me enfadaré mucho. Me enfadaré, y me pondré a escribir la mejor novela que hayan leído jamás.

El importante papel del tamaño del papel


El importante papel
del tamaño
del papel


Si escribes en el ordenador utilizando el tamaño de papel que por defecto te ofrece el procesador de textos, estás perdiendo una información de lo más útil.

Durante años has leído novelas, novelas en papel. Todos tus cono­cimientos, gustos y decisiones se basan en la página impresa, y esa página es de tamaño A5.

Y como cuando escribes lo que ves es una enorme hoja A4, comparar te resulta casi imposible. Igual tu descripción ideal no pasa de media página, has descubierto que las escenas eróticas que pasan de cinco páginas se hacen pesadas, para conseguir la agilidad deseada quieres evitar diálogos de más de dos páginas. ¿Cómo vas a medir todos estos parámetros si estás escribiendo en una sábana?

En el menú te vas a VER y escoges DISEÑO DE IMPRESIÓN, luego FORMATO->DISEÑO DE DOCUMENTO->CONFIGURAR PÁGINA y eliges A5.

Memorizando

Memorizando

En algún momento vas a tener que enfrentarte a un reto injusto: hablar en público en la presentación de tu libro. Digo injusto porque no le piden a los futbolistas que cocinen, ni a los fontaneros hacer un numerito de acro­bacia. Sin embargo a ti te pedirán un discursito, y si puede tener gancho, gracia y mucha chispa, “mejor para las ventas de tu novela”.

Algunos actores y cómicos tienen un truco para memorizar sus textos que nos parece muy interesante.

Normalmente, memorizamos la primera frase, y practicamos. Luego memo­rizamos la siguiente frase y practicamos diciendo en voz alta las dos. Así seguimos hasta tenerlo todo. Pero con este sistema, ¿qué frase es la que mejor nos sabemos? La primera; la peor, la última, porque es la que menos hemos trabajado.

El truco consiste en hacerlo al revés. Memoriza la frase final. Luego la penúltima. Luego la antepenúltima. Así conseguirás que el final sea tu mejor baza, la que mejor te sabes, con la que sientes más seguridad. Cuando empieces tu discurso, con cada frase te adentrarás en terrenos más y más cómodos y conocidos. Y no sufrirás pensando “de momento bien, pero no se si me acordaré del final”, más bien te podrás relajar diciéndote, “de momento bien y sólo puede mejorar”.

Entrevista con el vampiro


Entrevista con el vampiro

Un buen sistema para construir personajes creíbles es basarlos en personas que conoces. “El profesor será un gruñón, como mi primo Roberto, pero con el cuerpo de mi vecino Aarón”. Es una forma inteligente de minimizar errores e incongruencias. Así, cuando escribes, por ejemplo, un diálogo, al instante te darás cuenta si es creíble que Roberto diga o no esa frase que has puesto en sus labios. También evitarás el peligro de describirle como obeso y bajito en el capítulo uno, para meter la pata capítulos después diciendo algo como “… gracias a su estilizada figura…”, porque siempre que él está “en escena”, en tu mente estás viendo a tu vecino Aarón.

Y ahora que ya tienes a tu personaje, vamos a ver cómo conocerlo mejor. Hazle una entrevista imaginaria. Sométele a todas las preguntas que se te ocurran sobre su vida, sus miedos, sus ilusiones; piensa como un periodista e intenta sonsacarle su forma de ser, su verdadera esencia; profundiza, llega lo más lejos que puedas. También tendrás que contestar por él y ahí empieza el fantástico vértigo del proceso creativo. La entrevista no formará parte de tu novela, pero serán unos apuntes de apoyo muy valiosos para ti.

Tú: ¿Cuál es tu bebida favorita?

Vampiro: Siempre buscando el morbo. Y siempre tan previsibles, los humanos. Acuérdate que fui uno de vosotros. Mi bebida favorita es el whisky, pero no un whisky cualquiera; me gusta que tenga los mismos años que yo, por lo que cada vez me es más difícil encontrarlo. La sangre, joven, no la consideramos una bebida, sino un alimento. Supongo que no querrás que te hable de la coagulación.

Tú: Pues gracias, no. ¿Qué opinas de la crisis?

Vampiro: Lo estáis llevando mucho peor que en 1929. Ya sé que has visto documentales de banqueros saltando de ventanas, y que la muerte os asusta; pero ahora es más grave: los banqueros no saltan, empujan.

Tú: ¿Mar o montaña?

Vampiro: Playa en invierno e interior en verano, cuando os apelotonáis en la costa. No necesito estar con humanos, por lo que no suelo buscar su compañía.

Tú: Qué opinas de las películas de vampiros.

Vampiro: La sangre se ve tan artificial, que no siento emoción alguna. Lo he comentado con algunos compañeros y la mayoría coincide en un punto: lo que más les excita es el olor de la sangre. Yo soy diferente; a mí, lo que me pone de verdad es detectar la adrenalina que desprende el miedo. Reconozco que es más sutil, pero es que soy un sibarita.

Tú: ¿Te acuerdas de nuestro pacto para llevar a buen término la entrevista?

Vampiro: Claro. Saldrás de aquí ileso, soy una persona de palabra. Y, una cosa: era innecesario que sacaras a tus hijas de casa y las escondieran en vete tú a saber dónde. No tenía intención de lastimarlas.

Tú: ¿Cómo sabes que mis hijas…?

Vampiro: No lo sabía, lo suponía. Y he acertado. Creo que deberíamos ir terminando la entrevista porque cuando he mencionado a tus pequeñas has empezado a exudar un olor muy atrayente a adrenalina. Ha sido un placer.